La Tercera Semana / The Third Week

Migrants along the train tracks outside of a shelter in Central Mexico.

Migrants walking along the train tracks outside of a shelter in Central Mexico.

(Scroll down for English version)

Por Andrew Hanson, SJ

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio Loyola son la fundación de un Jesuita. De nuestra experiencia propia de este mes de retiro se hace realidad la decisión de cada uno para seguir a Cristo. Seguimos escuchando el llamado de Jesús a través de nuestra vida espiritual y las experiencias que Dios nos pone en el camino. Por eso, el discernimiento es tan importante para un Jesuita o cualquiera que adopte la carisma y Espiritualidad Ignaciana.

“Los Ejercicios” se dividen en 4 semanas. En la primera semana, uno se abre al amor de Dios y reconoce sus propias tendencias de huir de este amor. Sin embargo, nuestro Dios es misericordioso y bondadoso y continúa llamándonos. Por ello, la primera semana termina con “el llamamiento del rey eternal.” O sea, Jesús invita a uno a comprometerse al amor y servicio siguiéndole a él e imitando su ejemplo. En la segunda semana, uno contempla el ministerio de Jesús por Galilea y se imagina en las escenas del evangelio. Así, uno se va desarrollando una amistad única con Jesús. La segunda semana es inspiradora y anima por todo lo que uno experimenta con Jesús y su banda de amigos y amigas. La tercera semana es inevitable; la pasión y muerte de Cristo. Uuuuff! Es una semana oscura en la cual uno acompaña a su amigo Jesús por la traición y el dolor que sufre. Por fin, en la cuarta semana, uno participa en las escenas de la resurrección del Señor y aprende a reconocerle en todo su alrededor.

Aunque esta pequeña introducción a los Ejercicios Espirituales no es suficiente para encapsular el tremendo impacto que tienen en quien los vive, esta sirve más o menos como una base para entender lo que estamos pasando en esta experiencia de inmersión migratoria.

En la primera semana, estuvimos con la Red Jesuita para Migrantes Centroamericana en Guatemala. Allí aprendimos de las políticas de diferentes gobiernos, como estas afectan el bienestar de muchos y les obligan a migrar, y como estas mismas políticas marginan a los que migran en busca de una vida mejor. Era el descubrimiento de la injusticia sistemática que daña el bienestar de los marginados. Al final de este pequeño encuentro los participantes, inspirados y motivados por el deseo de amar y servir esta población que sufre mucha opresión, se comprometieron a seguir luchando por los derechos de los y las migrantes.

Nuestra segunda semana, en el sentido temporal tanto como temática de los ejercicios, la pasamos en el albergue La 72. ¡Qué gusto era escuchar los sueños y esperanzas de los migrantes en este pequeño oasis de amor y solidaridad, donde todos eran iguales y compartían el pan de cada día (por ejemplos específicos de este pequeño Reino de Dios, chequea los blogs anteriores)! Fuimos desarrollando amistades verdaderas y fue un poco difícil despedirnos de nuestros hermanos y hermanas en Tenosique.

Como los discípulos de Jesús, sabíamos que íbamos a enfrentar más dificultades en el camino hacia el norte (para el grupo de Jesús, era hacia Jerusalén) pero, yo no sabía cuanto. En la ruta hacia Tierra Blanca, perdí la cuenta de cuantas veces nuestro autobús fue retenido. En uno de ellos, las autoridades de migración bajaron 5 Centroamericanos y los detuvieron. Jamás volvimos a verlos. El siguiente día, llegamos al Albergue Decanal Guadalupano en Tierra Blanca. Es un albergue sencillo y con un toque femenino por ser dirigido por unas monjas de San José de Lyon. Había pocos migrantes aquel día, pero lo que nos contaron fue un testimonio del infierno que se ha vuelto la ruta por el corredor migratorio. Ahí, platiqué con tres jóvenes Hondureños. Empezamos la conversación hablando el lenguaje del mundo: el fútbol! De allí, la conversación se tornó un poco más seria; la dificultad de despedir la familia y los hijos pequeños, los asaltos que habían sufrido en el camino, etcétera. Antes, yo no me daba cuenta cuán visible era la esperanza en la apariencia física de una persona. Al mirarlos, me di cuenta que la realidad de la ruta les había exprimido casi toda la esperanza. Pero, me dijeron que no había otra opción de que aferrarse a las pocas gotas de esperanza que les quedaban y abandonarse en la misericordia de Dios.

El joven más chico tenía 18 años. Se quedó un poco más callado que los otros porque apenas había llegado al albergue. Tenía llagas en sus pies y puntos en la cabeza debido a una caída del tren. ¡Imagínate el cansancio que tendría que tener para dormirse tan profundamente que cayera de un tren en movimiento! Pues, 18 días de caminar sólo por un país extranjero y una situación peligrosa le traerían a cualquiera un cansancio tremendo. Al preguntarles si recomendarían la jornada a unos de sus compañeros de Honduras, se quedaron callados. Después de un momento, uno me respondió: “Pues, cada quien tiene que tomar su propia decisión, pero yo le diría que lo pensara mucho antes de salir. Uno pasa demasiado en el camino.” Percibiendo que esta respuesta era una “no” disfrazada, volví a preguntarles, “¿si te devuelven a tu país, lo intentarías  otra vez?” Su respuesta encapsulaba lo que les hace la ruta. “Si me agarran y tengo la suerte de volver a mi país vivo, no la intentaría otra vez.”

Reflexionando sobre las interacciones en este albergue y en la estación migratoria que visitamos en Acayucan el siguiente día, me dí cuenta que lo que pasa a los migrantes atravesando a México es pura “tercera semana.” Mientras más se acercaba Jesús a Jerusalén, más aumentaba los peligros, los enemigos, la hostilidad, la desconfianza, las traiciones, el sufrimiento físico, y la desesperación. Así es con los migrantes mientras más avanzan al  norte. Durante mi vivencia de los Ejercicios Espirituales, yo también me sentí desesperado. No quería que Jesús sufriera (en mis contemplaciones). Ahora me pasa los mismo, no quiero que estos migrantes sufran. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué vivimos en una sociedad tan indiferente al sufrimiento? ¡Me siento incapaz frente tanta corrupción!

La tentación personal en este momento es rendirme ante este sentimiento de incapacidad e indiferencia. Podría decir “bueno, así son las cosas.” Pero la tercera semana de los Ejercicios Espirituales nos obliga a acompañar a Jesús en su sufrimiento. ¡Cuán diferente sería la historia si no hubiera aparecido un Simón Cirineo para ayudar a Cristo a cargar la cruz! ¡Cuán diferente sería la historia si no hubiera habido una Verónica para limpiarle a Jesús su rostro! ¡Cuán diferente sería la historia si Maria no le hubiera mirado a su hijo a los ojos en sus últimos pasos hacia el Golgotha!

Sigo sintiéndome un poco incapaz, pero los testimonios de las monjas del Albergue Decanal Guadalupano, de los frailes y voluntarios en La 72, y de la gente común que dan de comer a los migrantes me inyecta esperanza y propósito. Ellos son los Simones Cirineos, las Verónicas, y las miradas maternas que alivian el camino de los migrantes, aunque sea un poquito. ¡Cuán diferente sería la ruta sin estas luces en la oscuridad!

Compañeras y compañeros, estamos en la tercera semana. Oren, entonces, que tengamos la fe para acompañar a nuestros hermanos migrantes, imágenes de Cristo crucificado, por su sufrimiento para que obtengan una nueva vida.

—-

By Andrew Hanson, SJ

The Spiritual Exercises of St. Ignatius Loyola are the foundation of a Jesuit. Our respective experiences of this month-long retreat root each person’s decision to follow Christ. We continue following that call through our spiritual lives and the experiences that God places on our path. That is why discernment is so important for a Jesuit or anybody who adopts the Ignatian charism or spirituality.

“The Exercises” are divided into 4 weeks. In the first week, one opens oneself up to the love of God and recognizes one’s own tendencies of fleeing from that love. Nevertheless, our God is good and merciful and continues calling us. That’s why the first week finishes with “the call of the eternal king.” In other words, Jesus invites one to commit oneself to love and serve by following him and his example. In the second week, one contemplates Jesus’s Galilean ministry and imagines oneself in the gospel scenes. Thus, one develops a unique friendship with Jesus. The second week is inspiring and exciting due to all one experiences with Jesus and his crew of friends. The third week, the passion and death of Christ, is inevitable. Ooooofff! It’s a dark week in which one accompanies his/her friend, Jesus, through the betrayal and pain he suffers. Finally, in the fourth week, one participates in the resurrection scenes and learns to recognize the divine in everything.

While this brief introduction to the Spiritual Exercises doesn’t sufficiently encapsulate the tremendous impact that they have on those who live them, it serves more or less as a baseline to understand what we are going through on this migration immersion experience.

In our first week, we were with the Central American Jesuit Network for Migrants in Guatemala. There, we learned about the policies of different governments, how they affect the well-being of many and forces them to migrate, and how these same policies marginalize those who migrate in search of a better life. The systemic injustice that damages the well-being of the marginalized was made clear. To conclude this little gathering, all the participants, inspired and motivated to love and serve this oppressed population, committed themselves to continue fighting for the rights of all migrants.

Our second week, in the temporal sense and in the thematic sense of the Exercises, took place at the shelter La 72. What a pleasure it was to hear the dreams and hopes of the migrants in this little oasis of love and solidarity, where all are equal and shared our daily bread (for specific examples of this little Kingdom of God, check out some of the previous blogs)! We developed some true friendships and it was a little tough moving on from our brothers and sisters in Tenosique.

Like Jesus’s disciples, we knew we would face more difficulties on our way north (for Jesus’s crew, it was towards Jerusalem) but, I had no idea about the extent of them. On the way to Tierra Blanca, Veracruz, I lost count of how many times our bus was stopped. In one of the raids, migration officials pulled 5 or 6 Central Americans off. We never saw them again. The next day, we arrived at the shelter Decanal Guadalupano in Tierra Blanca. It’s a simple shelter with a feminine touch due to being run by some sisters of Saint Joseph of Lyon. There were few migrants that day, but what they told us was testimony of the hell that the migration corridor route has become. I spoke with three Honduran youth. We started the conversation speaking the language of the world: futbol/soccer! From there, our conversation took a more serious turn; the difficulty of saying goodbye to one’s family and small children, the assaults suffered on the route, etc. Before, I had never noticed how visible hope was on a person’s physical appearance. Observing these boys, I noticed how the reality of the route had wrung out almost all their hope. However, they told me that there was no other option other than clinging to the little drops of hope that they still had and abandoning themselves to the mercy of God.

The youngest boy was 18 years old. He wasn’t quite as talkative because he had just arrived at the shelter. He had wounds on his feet and stitches in his head due to a fall from the train. Imagine the exhaustion you’d have to have to fall so deeply asleep that you fall off a moving train! Well, 18 days walking alone through a foreign country in dangerous circumstances would bring anyone a tremendous exhaustion. Upon asking the boys if they would recommend the journey to a friend in Honduras, they fell silent. After a moment, one replied, “well, everyone has to make their own decision but I would tell them to think it over a lot before taking off. You go through too much on the route!” Noticing that this answer was a disguised “no,” I asked, “if you were returned to your country, would you try again?” One boy’s response encapsulates what the route does to a migrant: “If they catch me and I’m lucky enough to make it back alive, I would not try it again.”

Reflecting on the interactions in the shelter and in the detention center that we visited in Acayucan the following day, I recognized that what migrants go through while crossing Mexico is pure “third week” stuff. The more Jesus approached Jerusalem, the amount of danger, enemies, hostility, distrust, betrayal, physical suffering, and desperation increased. So it goes with migrants the more northwards they advance. During my lived experience of the Spiritual Exercises, I too felt desperation. I didn’t want Jesus to suffer and now I find myself pleading that these migrants escape suffering as well. Why does it have to be this way? Why do we live in societies that are so indifferent to suffering? I feel helpless in front of such corruption!

My personal temptation at this moment is to give into this feeling of helplessness or indifference. I could say, “well, that’s just the way things are.” Or, “this is way beyond the scope of fixing.” But the third week of the Spiritual Exercises obliges us to accompany Jesus in his suffering. How different the story would have been if Simon the Cyrenian hadn’t showed up to help Christ carry the cross! How different it would have been had there not been a Veronica to wipe the face of Jesus! How different it would have been if Mary had not looked her son in the eyes on his last steps towards Golgatha!

I still feel a little helpless, but the witness of people like the nuns of the Decanal Guadalupano shelter, the friars and volunteers of La 72, and the common folk who tend to the migrants inject me hope and purpose. They are the Simons, the Veronicas, and the maternal glances that alleviate the way of the migrants, even if only a little bit. How different the route would be without these lights in the darkness!

Friends, we are in the third week, both literally and thematically. Pray, then, that we may have the faith to accompany our brothers and sisters, living images of Christ crucified, through their suffering so that they may obtain new life.

Advertisements

Leave a comment

Filed under Uncategorized

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s