Esta es nuestra Fe

Misa con  la comunidad de Zacualpa, Guatemala

Misa con la comunidad de Zacualpa, Guatemala

Por Jose Elias Ibarra, SJ

Son políticas de seguridad y políticas económicas las que nos acorralan por igual, que nos ponen en el laberinto de la huida o la resignación. Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Mexico y Estados Unidos, juntos en una misma esperanza: cambiar la hostilidad por la hospitalidad. Un mismo llamado nos convoca y nos pone uno a una, cara a cara.  Ellos y ellas, los que se fueron, los que volvieron, los que intentaron una y otra vez, los que lo arriesgaron todo, los que lo han perdido todo, los desaparecidos, las que aún esperan, las que no saben donde buscar, los que sueñan con estudiar, los que quieren irse para sentir cómo será un abrazo de papá. Son ellos, niños y niñas, jóvenes, adultos, señoras, blancos, negros, azules, de todos colores. Los míos, los tuyos, los nuestros, son aquí  los que llamamos hermanos, los que nos hacen preguntarnos qué hacer.

En sus voces se nota el hastío de la lógica de acumulación que lucra con la miseria, la ignorancia y el miedo se vuelve cada vez mas asfixiante tiene como opción huir o resignarse. No importa el genero, la edad, la procedencia, el color de piel, la raíz cultural, la violencia acecha por doquier. Las maras, la corrupción, la pobreza, el hambre, la violencia, la falta de oportunidades construyen un laberinto que parece no tener salida. En sus reclamos se ve claramente cómo el capitalismo y autoritarismo son una buena combinación para explotar los recursos naturales y los recursos humanos.

Pero ellos, nosotros, no nos resignamos a la miseria, al destino trágico. Por eso buscamos que nuestras manos sirvan para dar vida, que nuestra mente se abra a otros horizontes y que nuestra palabra alimente a otros, que hagamos un espacio para poder habitar, buscamos la vida y ponemos lo que tenemos para conseguirlo: nuestras ganas, nuestros sueños, nuestro cuerpo.

Pero esta es nuestra fe, la fe errante, la que pide una bendición cuando la amenaza acecha, la que comparte el pan cuando el hambre asfixia, la busca refugio cuando el cuerpo está expuesto, la que busca una palabra que no criminalice la condición de extranjero. Esta es nuestra fe, la fe de nuestros hermanos y hermanas que confían, buscan y encuentran, la promesa de la vida hecha carne cada día.

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